Unos 800 empleados sindicalizados (sobre una dotación total cercana a los 1.000 trabajadores) iniciaron un paro en la sede central de la naviera en Haifa, en rechazo a la falta de precisiones sobre la continuidad laboral tras el cambio de control. Si bien en otras terminales israelíes se registró actividad parcial, el conflicto escaló rápidamente en los muelles de Ashdod y Haifa, donde varias naves permanecen amarradas sin operación.
La conducción gremial fue explícita. Ziva Lainer Schkolnik, referente sindical de la compañía, advirtió que no se autorizarán descargas hasta que la empresa garantice condiciones claras para el personal. “Hemos detenido algunos buques en los puertos de Ashdod y Haifa y no permitiremos que la compañía trabaje en ellos hasta que hablen con nosotros y estemos convencidos de que están considerando a los empleados”, sostuvo.
Reconfiguración societaria y temores laborales
En paralelo al acuerdo principal, el fondo israelí FIMI Opportunity Fund se quedará con una unidad escindida de 16 buques que operará bajo la marca “New ZIM”. Esta nueva estructura mantendría servicios marítimos directos para Israel, pero con una escala sustancialmente menor.
Según el sindicato, la administración informó que New ZIM emplearía apenas a 120 personas. La cifra contrasta con la actual plantilla y abre un interrogante sobre el destino de casi 900 trabajadores, muchos de ellos con contratos que contemplan estabilidad. La reducción proyectada es el núcleo del conflicto.
Desde la naviera alemana buscaron enviar una señal de calma. En un comunicado, Hapag-Lloyd aseguró que el personal directivo y los empleados de la sede central de ZIM “recibirán seguridad laboral después del cierre”, en el marco de negociaciones de buena fe con los representantes gremiales. Además, la compañía afirmó que Israel seguirá siendo una plaza estratégica para el negocio combinado.
No obstante, el sindicato también cuestiona la sustentabilidad de New ZIM en el mediano plazo. Argumenta que su tamaño reducido y la estructura del comercio exterior israelí (con el 98% de las importaciones ingresando por puertos del Mediterráneo) podrían comprometer la viabilidad operativa de la nueva firma.
Impacto en la cadena logística
El conflicto se produce en un momento sensible para el transporte marítimo global, donde las decisiones corporativas de las grandes líneas tienen efecto inmediato en la oferta de bodega, la conectividad y las tarifas. Para los operadores y cargadores que dependen del tráfico hacia y desde Israel, la incertidumbre laboral suma un factor adicional de riesgo.
En términos estratégicos, la operación consolida la presencia de Hapag-Lloyd en el Mediterráneo oriental y refuerza el proceso de concentración que atraviesa la industria naviera. Pero, en el corto plazo, la discusión no está en la sinergia ni en la escala, sino en los muelles: mientras no haya acuerdo con el sindicato, los buques seguirán esperando.
FUENTE: COMEXONLINE
